martes, 8 de septiembre de 2009

Algo se gestaba

Mientras recapacitaba sobre el aprendizaje, muchas cosas recurrían su sentir, muchos recuerdos, en aquel letargo del alma. Definitivamente la pasión y la entrega por el amor le habían enseñado mucho acerca del dolor. Sería esa parte de la lección de su último pasaje por la tierra: el amor duele, pero da sentido, sentido carnal, energético. Ahora seguían separados de plano, podía observarlo desde un lugar distante, pero cercano a la vez. La paz la invadía.
Era todo luminoso y frágil, abierto, nada parecido al mundo humano.
Hasta que de repente, mientras entre sábanas consumían dos cuerpos el amor, con afán de libertad y sueños adolescentes, ella sintió el primer sobresalto de aquella estadía, algo la empujó hacia abajo, deslizándola suavemente. Entonces comprendió…un nuevo pasaje por la tierra la aguardaba. ¿Cuáles serían sus enseñanzas esta vez? ¿Qué debería crecer en esta oportunidad? Un esbozo de su vida, hábilmente diseñada, se hizo presente. Todos y cada uno de sus momentos. Solo faltaba su aprobación.
Un segundo más tarde ya estaba gestándose en el vientre materno. Suave, cálido, acogedor, nutriente.
Sus cuarenta semanas ahí dentro la llenaron de sueños y emoción. Sin duda toda una aventura. Olvidó por completo la paz de la cual venía, sabía que nada parecido le deparaba a partir de estar allí. El miedo la invadió. Tuvo miedo a nacer. Se amarró fuertemente al hilo de su madre. No quería salir.
La luz se hizo presente, y su llanto, embebido en inconsciencia. Igual a la primera vez.
Cuatro ojos la miraron, con tanto amor y esperanza. Ella era hermosa. Sus ojos abiertos, atentos, sorprendidos. Esta vez sabía que su lugar iba a estar sostenido por mucha voluntad, había mucho que enseñar, y demasiado por descubrir.

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