martes, 8 de septiembre de 2009

Abulia

Hasta las lágrimas te lloraban,
de tanto llorar el dolor del pecho.
Se fue sin nunca haber estado:
y esa fantasía te lleva a orillas de la demencia.
Lo real se vuelve poco empírico
y las alas son pies que caminan.
No hay forma de sobrellevarlo:
la garganta, seca, se cierra; no hay expresión.

El mismo aire te asfixia.

Sobredosis de ansiedad.

Cercada de ballados, un paisaje busca el sol.
Desaparecen las ilusiones como plomo, simbiótico en la atmósfera.

Tú si que sabes reirte de mi desgracia.

Quiero dejar de llorarte o sangrarte por fin,
ya no aguantan mis hilos semejante puja interna.
Ayúdame a escapandote de mis sórdidos gritos.

Anúnciate en la puerta de otro amor:
DÉJAME IR, ÉCHAME, DUÉLEME, CÁNSAME,
PERO BASTA DE NO HACER NADA.

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